La neurociencia ha aportado interesantes descubrimientos que permiten entender el funcionamiento de nuestro cerebro y su relación con nuestro comportamiento.
Uno de estos aportes interesantes es su impresionante capacidad de captar millones de estímulos del ambiente y de filtrarlos de modo de poner atención sólo en una ínfima cantidad de ellos. ¿Cuáles? Sólo aquellos que sean interpretados como beneficiosos en términos de aportar bienestar y/o disminuir amenazas a la supervivencia del individuo.
Por otra parte, este siglo XXI más que nunca nos plantea un gran desafío como consecuencia de la exposición a la sobreestimulación a la que están sometidos nuestros cerebros. Como nunca antes contamos con más conocimientos, con más herramientas intelectuales, con más tecnología que nos facilita la hiperconexión y el bombardeo de información desde el entorno.
Sin embargo, si no estamos debidamente en estado de alerta podemos fácilmente perdernos en esta vorágine de información y estímulos pues corremos el serio riesgo de quedar atrapados en ellos y poner atención en aquellos que son placenteros pero que poco aportan a nuestro desarrollo y crecimiento profesional y personal.
Entonces la primera clave es la capacidad de instalar en conciencia los parámetros de este filtro natural que realiza nuestro cerebro.
Entonces te pregunto: ¿tienes una estrategia para esto?
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